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"El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que las jugamos". William Shakespeare

El Manuscrito Voynich

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Para algunos constituye el sancta sanctórum de la criptografía;  otros creen que sólo se trata de un sofisticado engaño; hay quien incluso afirma que es el último vestigio de una lengua perdida… Lo único cierto es que, a día de hoy y en pleno siglo XXI, nadie ha sido capaz todavía de descifrar este enrevesado y singular documento.

El Manuscrito Voynich es un libro de unas 240 páginas, escrito en una lengua totalmente incomprensible y acompañado de unas extrañas ilustraciones. A lo largo de su existencia, este códice ha sido objeto de numerosos estudios por parte de diversos especialistas  para intentar desentrañar que demonios esconde. El resultado siempre ha sido el mismo: nada.

Debido a esto, muchos han argumentado que sólo se trataría de un gigantesco galimatías. Sin embargo, se ha demostrado que el texto cumple con la Ley de Zipff (según la cual en todas las lenguas conocidas la longitud de las palabras es inversamente proporcional a su frecuencia de aparición) por lo que las probabilidades de que el libro sea, en realidad, un engaño se reducen considerablemente.

Un  análisis de 2009, realizado por la Universidad de Arizona,  determinó, de acuerdo con la prueba del carbono 14, que el manuscrito podía datarse entre los años 1404 y 1438, hecho que confirmó las hipótesis de numerosos expertos, los cuales habían llegado a la misma conclusión, atendiendo principalmente a las descripciones de las ilustraciones, que reflejaban, por ejemplo, castillos con almenas “de cola de golondrina” características del norte de Italia en las mismas fechas.

El libro está compuesto por unas 35.000 “palabras”, separadas por espacios y sin signos de puntuación. Fue escrito de izquierda a derecha, con un margen derecho variable. Destaca por su fluidez y ausencia de planificación previa, como si su autor conociera el lenguaje que estaba empleando. Lo que también apoya las teorías que descartan el montaje. El posible alfabeto empleado por el autor constaría de unos 20 glifos, presentes en todo el pergamino, y varias docenas más que aparecen puntualmente.

La temática del texto se ha podido intuir gracias a los bosquejos y dibujos que lo acompañan. Éste estaría dividido en seis capítulos: Herbario, Astronomía, Biología, Cosmología, Farmacia y Recetario. Todos ellos acompañados de multitud de insólitas ilustraciones de, por ejemplo, grupos de mujeres desnudas, ciudades amuralladas, flores inidentificables, constelaciones zodiacales, etc.

La autoría del pergamino sigue siendo una verdadera incógnita. Muchos se la atribuyen al monje franciscano Roger Bacon (uno de los supuestos dueños del manuscrito y de sus primeros difusores en la Edad Media) precisamente por las similitudes entre algunas de sus obras y este códice. También se han esbozado sendas teorías sobre los intrigantes alquimistas y astrólogos John Dee y Edward Kelley, o sobre el herbólogo real Jacobus Sinapius, todos ellos al servicio del Emperador Rodolfo II de Bohemia, quien, se sabe por ciertas cartas, que también tocó el volumen. Han sonado muchos otros nombres, como el de Johannes Marcus Marci, erúdito pragués del siglo XVII; o el del genio renacentista italiano: Filarete; o incluso el del propio Wilfrid M. Voynich, quien da nombre al manuscrito por haberlo adquirido en 1912…

No menos teorías abordan el espinoso asunto de qué es exactamente el manuscrito y qué oculta, si es que oculta algo. En cuanto al qué es, la mayor parte de expertos afirman que se trataría de un herbario o farmacopea. A pesar de esto, algunos como el francés Jaques Bergier afirman que el autor  tendría unos conocimientos extraordinariamente avanzados, pues éste en realidad estaría describiendo hechos como la explosión de las supernovas o la formación de las galaxias. Difícil de creer.

En lo que respecta a la lengua empleada en el pergamino , la división científica es mayor. Pese a que todos, uno tras otro,  chocado frontalmente con la inescrutabilidad del escrito, gran cantidad de autores han formulado sus particulares hipótesis de trabajo acerca de lo que encierra o no la obra.

La teoría básica y más recurrente es la del cifrado de letras. Según esta suposición, principalmente defendida por el famoso criptoanalista William F. Friedman y por su equipo de la NSA, el texto sería el resultado de una compleja labor de codificación polialfabética, para ocultar determinada información que tendría su correspondencia con alguna lengua europea. Sin embargo un cifrado de este tipo nunca concordaría con los principios de economía de la lengua de la Ley de Zipff  y además este tipo de cifrado se invento en fechas posteriores a la de la supuesta elaboración del manuscrito.

Se ha descartado ampliamente la posibilidad de que se trate de un cifrado con libro de códigos, es decir, traducible mediante una clave, debido a la longitud de la obra. Asimismo también se ha rechazado que pueda tratarse de hebreo codificado, como defendió el autor James Finn en su obra “La esperanza de Pandora”, ya que se dejaría el códice abierto a múltiples interpretaciones teóricamente válidas.  Del mismo modo teorías como la de que se trate de una lengua exótica o la del cifrado estanográfico han sido rechazadas.

Otra de estas hipótesis, la de Leo Titov, sostendría que el idioma empleado sería en realidad una mezcla de flamenco medieval, francés y alto alemán, empleada por los cátaros, y que su temática, lejos de recetas y herbarios, no sería otra que la de la “endura”  o suicidio asistido de los cátaros.

Por último y ante la imposibilidad de cualquier acercamiento al contenido del libro, analistas como John Tiltman o el citado William F. Friedman han propuesto que estemos ante un lenguaje inventado o lengua filosófica. Este tipo de lenguas se organizan según un sistema de categorías, asignando un prefijo a cada una de ellas, de forma que cada elemento es reconocible de forma genérica  por éste y específica por un sufijo. Huelga decir que ningún prefijo del manuscrito ha podido ser traducido.

Posiblemente el documento más misterioso del mundo, y el más difícil de descifrar, incluso para la informática, sigue (y seguirá) dando verdaderos quebraderos de cabeza a los investigadores, los cuales, uno tras otro, se dan de bruces con el enigma. ¿Conseguirá alguien resolver el misterio del Manuscrito Voynich?: si alguno se anima sólo tiene que pagar un millón de dólares a la Universidad de Yale.

Eduardo González

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