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"El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que las jugamos". William Shakespeare

La Isla de Pascua

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Enclavada en el Océano Pacífico Sur y a más de 2.000 kilómetros del punto habitado más cercano, la Isla de Pascua o Rapa Nui, https://i1.wp.com/upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/a2/Moai_Rano_raraku.jpgcontinúa siendo uno de los parajes más emblemáticos y representativos de los misterios y enigmas del pasado. Con un tamaño de unos 164 kilómetros cuadrados y una población de apenas 5.000 personas,  el negocio básico de la ínsula es el turismo. Los principales atractivos: los Moáis (gigantescas estatuas antropomorfas de toneladas de peso) y las tablillas  Rongo rongo (que contienen una arcaica y desconocida lengua).

La isla de Pascua debe su nombre al navegante holandés Jakob Roggeveen, quien la descubrió el domingo de pascua de 1722. Cuando el navegante exploró la isla éste tomó contacto con los habitantes, que censó en unos 3.ooo, y pudo percibir trazos de lo que años atrás había sido una cruenta y fraticida guerra civil, la cual mermó drásticamente la población. Hoy sabemos que esas guerras internas se produjeron en torno al año 1680, debido a la deforestación y a la superpoblación.

Históricamente, la ínsula contó con dos grupos de pobladores. Los primeros en alcanzarla fueron los Hanau eepe u orejas largas, de rasgos claramente indoamericanos y que guardarían una gran relación con la civilización que levantó Tihauanaco, tal y como señala Tom Heyerdhal, precisamente por la cantidad de similitudes que se dan entre ambas. El segundo pueblo en llegar  fue el de los Hanau momoko u orejas cortas, procedentes de la Polinesia, en torno al siglo XI. Según parece, desde esta segunda arribada, ambas etnias se mezclaron para dar origen a la posterior cultura pascuense.

https://i1.wp.com/upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/7/76/Rongo-rongo_script.jpg/455px-Rongo-rongo_script.jpgLo cierto es que no se sabe demasiado acerca de cual fue el motivo concreto por el que los moradores de Pascua levantaron tantas y tantas estatuas de forma casi compulsiva. El número conocido de moáis supera el millar. El más grande de todos ellos mide casi 10 metros y pesa unas 82 toneladas. Aunque parezca difícil, algunos arqueólogos experimentales ya han conseguido demostrar como se pudieron construir e incluso erigir. Lo que aun no está del todo claro es como se movieron desde las canteras de la isla hasta los puntos donde están situados (muchos en la costa) y desde luego porqué. ¿Por qué tantos y tan grandes?

Por otro lado, de los pocos alfabetos que hay en el mundo, pues casi todos derivan de las mismas estructuras lingüísticas, sólo hay uno que no ha podido ser traducido: el Rongo rongo. Esta extraña escritura, hallada en unas cuevas de la isla, no se corresponde con nada conocido y sigue siendo un verdadero incordio para lingüistas y antropólogos. Aspectos como el reducido número de tablillas encontradas o la inexistencia de documentos bilingües dificultan aun más los intentos de traducción hechos por científicos como Fischer, Pozdniakov o Sproat.

Resulta curiosa e interesante la conclusión a la que han llegado algunos, al entroncarla directamente con textos encontrados en los vetustos asentamientos de Harappa o Mohenjo Daro, de hace 4.000 años. La verdad es que el parecido es sorprendente. ¿Existió acaso una remota conexión entre las antiguas culturas del Valle del Indo y la isla del Pacífico?

 

Eduardo González

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