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"El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que las jugamos". William Shakespeare


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¡Que después de la tormenta SIEMPRE llega la calma!

¿Qué llueve? ¿Graniza? ¿Todo el invierno así? ¿En verano también? Sí. Es el Norte ¿Y? Volver a casa y ver que nada ha cambiado. Bueno, me equivoco. Santander está algo diferente. Los jardines de Pereda se amplían y cada vez hay más tiendas con el cartel: liquidación por cierre.

Periódicos

En el kiosco los periódico hablan del IBI, PIB y de lo mal que va a España. ¿Por qué no habrá una publicación que hable de las maravillas que tenemos? ¿Por qué no dedican un día todos diarios a narrar cosas buenas de España, de Europa o del mundo?

Yo voy a empezar por una: mi ciudad, Santander. 

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Te recomiendo que entres por el mar. El coche déjalo para ir a la meseta. Embarca en un velero. Da igual su tamaño. Hazlo y desde el primer momento te enamoraras del Portus Victoriae de los Romanos. Azul y verde se funde en uno y te enseñan la grandeza de la capital cántabra.

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Alfonso XIII y su mujer, la Reina Victoria, estuvieron enamorados de esta ciudad. Eligieron una pequeña península para situar su residencia de verano: El Palacio de la Magdalena. Su hogar estival es ahora la sede de la Universidad Menéndez Pelayo. La vida santanderina se mezcla durante el verano con la de miles de jóvenes extranjeros que recorren los salones de palacio recordando las grandezas de nuestra nación y observan en conjunto los picos nevados de la Cordillera Cantábrica con la playa “El puntal” . Pero, no solo se quedan maravillados con Santander, su costa y su comida. Además, se adentran en el corazón de Cantabria. Las cuevas del soplado, el Capricho de Gaudí, el Orujo de Potes o el arte rupestre y paleolítico de las cuevas de Altamira se reiteren en su cerebro y en su corazón. Demasiada belleza junta.

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¿Y su gente? Tópicos se oyen demasiados. “Los del norte son unos sosos”. “El salero está en el sur” “Todo el día en casa por culpa de la lluvia es por lo son unos amargados”. Estoy y estamos preparados para oír esto y más. Sin embargo, ¿por qué la gente veranea en nuestras playas y se divierte en nuestras discotecas? En Santander nos cuesta abrirnos un poco más que a los Sevillanos (sin ánimo de ofender) Y ¿qué? ¿hay algo de malo?. Puede que el tiempo influya, pero si la gente se piensa que en Santander no sale el sol está muy equivocado. Después de una tormenta siempre llega la calma. Y después de una mala racha económica siempre llega la bonanza. Así que propongo a todos los periódicos españoles que UN DÍA esté prohibido escribir sobre economía y política. Que solo se redacte sobre juventud, maravillas y amor. Y todas ellas que residan en España porque hay más de la que podemos imaginar.Verano 2012

Victoria Herrá Llano.

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El amor, el gran desconocido

Podrá nublarse el sol eternamente;
podrá secarse en un instante el mar;
podrá romperse el eje de la tierra
como un débil cristal.
¡Todo sucederá!
Podrá la muerte
cubrirme con su fúnebre crespón;
pero jamás en mí podrá apagarse
la llama de tu amor.

(Amor eterno. Gustavo Adolfo Bécquer).

Todos creen que saben, pero muy pocos comprenden. Y es que todos soñamos con la historia de amor perfecta. Ese final idílico de película, que termina con un beso en la azotea del 230 Fifth de Nueva York, con los fuegos artificiales inundando el cielo de Manhattan, mientras escuchamos de fondo With or without you… El desenlace perfecto, qué duda cabe.

El problema es que se ha extendido la creencia de que el amor romántico es el único criterio que justifica una relación de pareja. Una creencia amplificada por películas o novelas que hacen del amor apasionado y constante prácticamente el único requisito para mantener una relación de pareja.

Esta visión idealizada del amor, provoca que cuando el príncipe azul o la mujer diez empiezan a ser impuntuales, perezosos, vulgares, o simplemente, personas normales, con sus virtudes y sus defectos, las mariposas en el estómago no sean tan frecuentes. Entonces, la realidad habrá hecho acto de presencia: “Ya no siento lo mismo que al principio”, “la quiero pero no estoy enamorado”…

Muchas personas dejan de amar a sus parejas porque ya no tienen sentimientos de amor hacia ellas. Es un enfoque un tanto victimista, porque los sentimientos surgen como consecuencia de nuestras actitudes y comportamientos amorosos. Para amar de verdad debemos asumir la responsabilidad de crear este tipo de conductas al servicio de la relación.

Una vez se desvanecen los efectos del enamoramiento, los amantes empiezan a verse como realmente son. Es entonces cuando comienza la verdadera relación de pareja, pudiendo cultivar un amor sano, nutritivo y verdadero. Comenzamos a amar cuando experimentamos plenitud propia y nos convertimos en cómplices del bienestar del otro.

Para amar, es necesario amarnos a nosotros mismos primero, si no es imposible amar a los demás. Porque, intentaremos suplir ese amor propio y esa falta de autoestima, buscando en nuestro compañero sentimental el cariño, el aprecio, el reconocimiento y el apoyo que no nos damos a nosotros mismos. Nadie nos ha enseñado a amar, pero como cualquier otro arte se aprende a base de practicar y cometer errores.

Pero qué duda cabe de que enamorarse sienta de maravilla. Cuando nos enamoramos, nuestro organismo segrega más adrenalina y noradrenalina, hormonas que promueven la búsqueda del contacto físico. Cuando ese subidón hormonal empieza a remitir, algunas personas echan tanto de menos esa sensación maravillosa que prefieren empezar de nuevo. Pesa más el deseo de recuperar el “chute” neuroquímico que las ganas de seguir con la pareja.

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El amor es una palabra muy maltratada por la sociedad. Tanto es así que en un primer momento suele confundirse con el enamoramiento. El enamoramiento es un estado de atracción y pasión que suele durar entre seis meses y dos años, estrechamente relacionado con nuestra necesidad biológica de procreación. Es la trampa en la que caemos cuando vivimos condicionados por nuestro instinto de supervivencia.

Durante este periodo nos obsesionamos con la persona amada, queriendo estar a su lado todo el tiempo y a cualquier precio. Es como un hechizo fisiológico que nos nubla la razón, volviéndonos adictos al objeto de nuestro deseo. El enamoramiento nos lleva a distorsionar la realidad, proyectando una imagen idealizada sobre nuestra pareja. No vemos al otro tal como es, sino como nos gustaría que fuese.

Cuando dos personas se sienten atraídas y empiezan a enamorarse, todo viene dado, no hay que hacer nada, solo sentir. En la etapa de enamoramiento predominan la pasión, el sentimiento de que la otra persona nos colma de felicidad, las ganas de estar siempre en su compañía… Lo más difícil para una pareja es pasar de la fase del enamoramiento a la del amor; el enamoramiento es demandante e infantil, el amor es generoso y gratificante, mucho más duradero, maduro y placentero.

El verdadero amor se sustenta bajo tres pilares fundamentales: el primero es la responsabilidad personal, que consiste en que cada amante se haga cargo de sí mismo psicológicamente. El segundo es la interdependencia, una vez conquistada la autonomía e independencia emocional, el aprendizaje radica en construir una convivencia constructiva, honesta y respetuosa. Y por último, valorar y disfrutar de la persona con la que compartimos nuestra vida tal como es.

Esto precisamente, puede verse reflejado en la terapia Gestalt: “Yo soy yo, tú eres tú. Yo no vine a este mundo para vivir de acuerdo a tus expectativas. Tú no viniste a este mundo para vivir de acuerdo con mis expectativas. Yo hago mi vida, tú haces la tuya. Si coincidimos, será maravilloso. Si no, no hay nada que hacer”.

Sin embargo, la paradoja inherente a nuestros vínculos afectivos es que todos deseamos ser queridos, pero ¿cuántos amamos realmente? Y es que una cosa es querer y, otra muy distinta, amar. Queremos cuando sentimos un vacío y una carencia que creemos que el otro debe rellenar con su amor. En cambio, amamos cuando experimentamos abundancia y plenitud en nuestro interior, convirtiéndonos en cómplices del bienestar de nuestra pareja.

A menos que cada uno de los dos amantes se responsabilice de ser feliz por sí mismo, la relación puede convertirse en un campo de batalla. De hecho, muchas parejas terminan encerrando su amor en la cárcel de la dependencia emocional, creyendo erróneamente que el otro es la única fuente de felicidad. Es entonces cuando aparecen en escena el apego (creer que sin el otro no se puede vivir), los celos (tener miedo de perder al compañero sentimental), la posesividad (tratar al otro como si nos perteneciera) y el rencor, que nos lleva a sentir rabia e incluso odio hacia nuestra pareja, creyendo que es la causa de nuestro malestar.

Y por si fuera poco, se sabe que cada conflicto que mantenemos con nuestra pareja deja heridas en nuestra mente y en nuestro corazón. Con el tiempo, nuestro cerebro va tejiendo una red neuronal en la que se archivan todos esos desagradables episodios de violencia psicológica. Aún así, muchos afirman que el amor es algo que no puede buscarse, sino que termina por aparecer en nuestra vida. No importa la edad, ni nuestro currículo afectivo. Lo cierto es que,  nadie quiere renunciar a amar y ser amado.

Fdo: Carlos Hernández Triana


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¿Se enamoran igual hombres y mujeres?

Las razones que llevan a los hombres y a las mujeres a enamorarse son distintas. Y los errores que cometen también, pero ¿qué es realmente enamorarse? El enamoramiento es encontrarse a sí mismo fuera de sí mismo, es la forma más sublime del amor, es una emoción con tres raíces fundamentales: la admiración, la atracción física y psicológica, y la necesidad de compartir el tiempo.

Dicen los tópicos que los hombres se enamoran por los ojos y las mujeres por el oído; que ellos las prefieren jóvenes y ellas a alguien a quien admirar; que las mujeres dan mucha más importancia al amor que los hombres; que ellas son más enamoradizas. ¿Hay algo o mucho de verdad en estos tópicos?

Según los expertos, la mujer se fija primero en la inteligencia; luego en la simpatía, si se divierte con él; y, por último, en la personalidad, en que sea un hombre maduro. Pero también añaden que con todo, la inteligencia masculina que enamora es la constructiva, la que hace que una mujer se sienta bien, no la inteligencia que apabulla.

¿Y los hombres?, ¿de qué se enamoran? Al principio se enganchan por el atractivo femenino, pero, con el tiempo, esa atracción disminuye. Buscan una compañera de viaje que suponga un apoyo emocional. Pese a seguir siendo así, las pautas están cambiando. Recientes estudios demuestran que las mujeres cada vez se fijan más en el físico y los hombres, en aspectos como la inteligencia o el estatus. Podríamos decir que ambos necesitan ingredientes parecidos para enamorarse y que lo que cambia son las proporciones.

 

El rapto de Psique.

 

Mientras hombres y mujeres evolucionan, también cambian los motivos y las formas del enamoramiento. Pero, para ambos, enamorarse tiene mucho de proyectar deseos inconscientes que no se puedan dominar. Deseos diferentes en hombres y mujeres porque los modelos de géneros son distintos. Socialmente, una mujer sin pareja ha sido desvalorizada durante muchos años, por lo que el amor es en muchos casos una necesidad vital para existir como persona.

Este aspecto se ve reflejado en que, a menudo no es el afecto real hacía una persona (el que nos hace enamorarnos), sino un ideal alimentado por toda la sociedad y definido como “lo más bonito que podemos vivir” (lo que conducirá a un enamoramiento falso y, por tanto, a una relación de pareja destructiva). Para las mujeres el enamoramiento es una culminación de su proyecto vital, una forma de establecer un vínculo estable. En cambio, para los hombres, es más bien vivido como una conquista.

Cuando muchas mujeres se dan cuenta de que el hombre no responde a lo que ellas necesitan o les gustaría se empeñan en cambiarlo porque se sienten fuertes, ya que él “las quiere tanto”. Este es, a juicio de los expertos, uno de los errores más frecuentes que cometen las mujeres al enamorarse. Mientras que, uno de los grandes errores de muchos hombres es su tendencia a volverse como niños cuando inician una relación con una mujer, a dejarse llevar.

No hay que olvidar que el 80% de las rupturas de pareja se producen por iniciativa de ellas. Y, como ellas suelen realizar una mayor inversión emocional, cuando las relaciones acaban suelen tardar más en volver a  enamorarse. Si no han podido resolver lo mal que lo han pasado en la relación, las mujeres prefieren la libertad de no emparejarse. Por su parte, los hombres prefieren estar acompañados, porque se permiten más libertad que ellas cuando están en pareja. No se sienten tan agobiados.

Por último, es necesario atender a las necesidades diferentes que tienen hombres y mujeres. Las mujeres necesitan sentirse seguras y protegidas. Tienen el deseo de encontrar un hombre fuerte, que les proporcione seguridad tanto física como moral, frente a las posibles carencias y peligros externos, que afecten negativamente a la calidad de vida. Mientras que los hombres, por su parte, necesitan sentirse valorados. El hombre necesita sentirse admirado por la mujer, en el sentido de que ésta reconozca sus logros profesionales y personales.

Fdo: Carlos Hernández Triana


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El afecto: la dependencia emocional

La búsqueda del amor es una de las necesidades básicas del ser humano. El afecto nos convierte en seres fuertes, pero si al alcanzarlo nos entregamos en exceso y no acertamos a delimitar los sentimientos, la pasión se puede convertir en veneno. Hay personas que están enganchadas al amor. La dependencia emocional transforma el deseo en necesidad, y las relaciones de pareja se vuelven destructivas. El dependiente no nace, se hace, por lo que es una conducta que tiene solución.

Existe un gran debate científico sobre el carácter de esta necesidad psicológica, y también hay quien comparte que la dependencia emocional no es una enfermedad. El psicólogo Tomás Navarro, apunta que es, más bien, un detonante que provoca otras patologías como la ansiedad, la depresión y otro tipo de trastornos”.

Normalmente, el origen suele estar en la infancia. Se debe a personas que han experimentado historias de relaciones familiares perturbadoras, de carencia afectiva, inadaptación social, vivencias de rechazo en la familia e incluso de sobreprotección extrema. Haber vivido este tipo de situaciones durante los primeros años de vida provoca que se vaya fraguando una autoestima deficitaria que comienza a introducir una forma de afectividad o de querer inadecuada. No obstante, una persona puede llegar a ser dependiente emocional por diferentes y variadas causas. La personalidad de cada uno desempeña un papel importante en el desarrollo de esta necesidad.

Existen una serie de conductas que se repiten en personas dependientes. La primera y principal señal es el miedo a la ruptura. Este miedo conlleva otro patrón que también se repite, la tendencia a encadenar relaciones. Los dependientes emocionales suelen tener parejas desde la adolescencia, y si es posible intentan estar siempre con alguien. Después de una ruptura, vivida como un acontecimiento verdaderamente catastrófico, intentan reanudar la relación por muy nefasta que haya sido o bien buscan a otra persona que cubra su necesidad extrema de estar acompañado de alguien.

El segundo indicador es la baja autoestima y el concepto negativo de sí mismo. La inseguridad, la culpabilidad o la percepción de que el origen de su conducta y comportamiento es externo a la propia persona, pueden hacer que sienta la necesidad de protección, ayuda y dependencia de otra persona. La dependencia emocional provoca relaciones de pareja desequilibradas en las que se sufre mucho, y eso hace que la autoestima del dependiente se vaya minando, y aunque se están consumiendo, prefieren ese tipo de relación a quedarse solos.

¿Dónde se encuentra el límite entre la dependencia saludable y la tóxica? En los síntomas de adicción: en la necesidad de estar cada vez más cerca de la otra persona y con más intensidad. Cuando la dependencia emocional nos afecta a nivel social, laboral, personal o de salud, ya podemos decir que hemos cruzado la línea de la normalidad. En estos casos la tensión emocional acaba provocando actitudes agresivas y nos sumergiremos en una situación de frustración.

Para evitar caer en esta adición, puede ser de gran ayuda centrarse en la prevención basada en cuatro puntos: mejorar la autoestima (la necesidad afectiva disminuye), mejorar las relaciones interpersonales (disminuyendo la necesidad de agradar), aprender a intervenir directamente en las relaciones de pareja (evaluando si es agradable o enfermiza), y es fundamental interiorizar pautas para preparar futuras relaciones sanas (idea de equilibrio entre las dos personas). Aunque no hay estudios oficiales, los psicólogos apuntan que hay más mujeres que hombres entre los dependientes emocionales. Puesto que la mujer tiene más desarrollada la capacidad de establecer relaciones y vínculos afectivos que el hombre.

Para terminar de entender todo lo que al afecto se refiere, es muy recomendable la película: “El indomable Will Hunting”. Película en la que se puede apreciar como Will (Matt Damon), busca su propio destino y, para ello, deberá enfrentarse a muchas situaciones dolorosas que ha sufrido durante toda su vida, y que han modificado negativamente su afecto. Sean Maguire (Robin Williams) intentará ayudarle. Son estos momentos individuales los que hacen de esta película un filme tan afectivo.

 

 

 

Fdo: Carlos Hernández Triana


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A Roma con Amor

Una historia múltiple, una hermosa ciudad anhelando ser descubierta de nuevo y un trasfondo de crítica social: A Roma con Amor, la nueva película de Woody Allen.

Como cada año, somos muchos los que asistimos puntuales al estreno de la  película de Woody Allen y, una vez más, no nos decepciona. Su forma de retratar la eterna ciudad. Sus calles, sus esquinas y, también, por qué no, sus lugares más turísticos sin que esto nos suene a antiguo, a demasiado visto. Y es que son demasiados años ya los que este cineasta, escritor, músico y otros muchos calificativos más, lleva captando el alma de las ciudades. Desde las más clásicas y antiguas películas de su filmografía, Manhattan, hasta las nuevas adquisiciones como Midnight in Paris.

En este caso, la película nos muestra varias historias transcurridas al mismo tiempo y en el mismo lugar: un matrimonio americano que viaja a Roma para conocer al marido de su hija; un humilde señor convertido en famoso de la noche a la mañana; una recién casada perdida por la ciudad, mientras su marido, forzado por las circunstancias se ve obligado a sustituirla;y, por último,  un conocido arquitecto que conoce a un joven estudiante.

Historias con las que reír y con las que pensar. Personalmente , me encanto la crítica mediante el absurdo que Woody allen hace a la sociedad de hoy en día y de cómo se idolatra y venera a los famosos. Los que pasan de moda como si se esfumarán y nunca más se vuelve a saber de ellos, escondidos, eso sí, tras el polvo dorado de una nueva estrella a la que prestar culto.

Por último, he de destacar la genialidad de la banda sonora, la fotografía y el reparto de actores, en especial el papel de Roberto Benigni, para mi gusto realmente sublime.

Woody allen, en el personaje de padre que va a conocer al prometido de su hija.

Roberto Benigni en una de las escenas de la películaUna de las parejas de la película, probablemente la que más contribuye a calificarla de comedia romántica.

Marta Sánchez-Izquierdo Ibáñez.