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El papel de las agencias de calificación en la crisis económica

Standard & Poor´s, Moody´s y Fitch, son los nombres de las tres compañías americanas más importantes en este campo. Hoy en día tienen un gran peso económico a nivel mundial, ya que influyen de forma decisiva en el mercado. Ministros, directivos y banqueros se echan a temblar cuando alguna de estas tres poderosas agencias, enjuician la salud económica de un país, de una empresa o de un fondo de inversiones. Sus dictámenes son inapelables. Si ellas te dan el hilo prosperas. Si te lo cortan estás sentenciado.

Las agencias de calificación son organizaciones que se dedican a evaluar determinados productos financieros, además de realizar calificaciones del riesgo de impago y solvencia basado en los activos de entidades, empresas, países, etc. Entre otras cosas, también pueden calificar la calidad de las deudas contraídas. Se trata por tanto de empresas encaminadas a guiar las decisiones financieras de pequeños y grandes inversores, pasando desde un particular, hasta el Banco Central Europeo.

Pues bien, estas agencias de calificación (también denominadas de “rating”) han cobrado especial protagonismo a raíz de la crisis económica al haberse puesto en duda su funcionamiento por no haber sido capaces de pronosticar la salud de muchas empresas y productos financieros posteriormente fracasados. Es más, tienen una parte de responsabilidad importante en la crisis financiera actual.

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Las agencias de rating dieron su calificación basándose principalmente en estadísticas y utilizaron el ratio de morosidad del mercado hipotecario. Este ratio de morosidad subió del 1% al 6% en solamente seis meses, para después incrementarse y alcanzar el 15%, el 20% y hasta el 3%. Los bonos procedentes de la titularización de hipotecas se emitían por tramos, denominándose bonos estructurados. Dichos tramos se correspondían con la calidad de las hipotecas, de tal forma que los intereses de los bonos del primer tramo correspondiente a las mejores hipotecas se pagaban con facilidad. Las del segundo tramo en principio también, pero el problema se suscita con el pago de los intereses a los del último tramo.

Las agencias, calificaron los bonos del primer tramo con una triple A. Las hipotecas subprime se incluyeron en productos financieros denominados obligaciones de deuda garantizada (CDO), y las agencias calificadoras les dieron una calificación dentro de la A. Los CDO tenían una rentabilidad mayor y se vendieron muy bien porque estaban bien calificados. Durante los años 2006 y 2007 se emitieron CDO respaldados por hipotecas subprime por importe de más de 200.000 millones de dólares. Basándose en el ratio de morosidad del 1 % las agencias califican la titularización de las hipotecas como AAA e incluso muchos de los CDO. Así Moody´s otorgó la calificación triple A al 75% de las emisiones de CDO examinadas, ya que analizó CDO por importe de 750 millones de dólares y dio la calificación de triple A, a 563 millones de dólares. Cuando el ratio de morosidad se dispara al subir los tipos de interés y llega a ser del 30% muchos de los CDO cambian su calificación pasando de triple A,  a tres en el transcurso de un día.

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Ahora bien, parece difícil creer que Standard & Poor´s fuera incapaz de descubrir que detrás de los bonos estaban las famosas hipotecas subprime. Resulta más lógico pensar que la agencia, en lugar de cumplir con su obligación de conceder a los bonos una calificación baja (alto riesgo y baja liquidez), aconsejó al banco cómo diseñar el producto para que fuera lo más opaco posible. Luego le concedió la calificación AAA. Unos bonos con ese rating y un interés superior en dos puntos al de los bonos estadounidenses, se vendieron con mucha facilidad.

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Como ejemplos de dictámenes erróneos de las agencias de rating podemos señalar: el de Enron, el de Lehman Brothers y el de Madoff. Ya que sus títulos de deuda tenían una excelente calificación hasta el mismo día en el que se produjo la bancarrota de Enron y la quiebra de Lehman Brothers y Madoff. Otro problema de las agencias de rating es la falta de responsabilidad. Así Japón culpó a estas agencias de tener un papel destacado en la crisis que le afectó, con anterioridad a la crisis financiera de 2007, y aunque reclamó la responsabilidad de las agencias de calificación no tuvo éxito. Las agencias de rating manifiestan que su trabajo son meras opiniones. También se han interpuesto demandas por negligencia de las agencias de calificación ante los tribunales norteamericanos que han fallado a favor de las agencias de rating, manifestando que se trata de emisión de “opiniones”.

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Por lo tanto, la crisis financiera a la que han contribuido sin duda las agencias de calificación ha derivado en una crisis de confianza del sistema financiero. Los bancos optaron por desconfiar de los demás bancos y no se prestan entre ellos. Esta circunstancia ha llevado a los bancos centrales de los diversos países a inyectar considerables sumas de dinero en el sistema monetario.

Fdo: Carlos Hernández Triana.


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¿Son las hipotecas ninja las grandes impulsoras de la crisis económica actual?

Desde el 9 de agosto de 2008, España ha pasado de crecer a un ritmo del 4% anual a una tasa negativa del 1,5%, la Bolsa española se ha depreciado más del 50% y los beneficios de las empresas han caído en picado. Pero, sobre todo, la capacidad española para financiarse en el exterior se ha convertido en un auténtico calvario.

La prima de riesgo, índice de la confianza de los inversores en la deuda soberana de un país, que se mide con el diferencial entre el bono nacional a diez años y el alemán  del mismo plazo, pasaba del anonimato absoluto a convertirse en el ingrediente esencial de la economía española. Hay que señalar que se utiliza el precio de la deuda alemana como punto de referencia, ya que es la economía europea más segura, y menos propensa a sufrir bandazos.

El término hipoteca ninja se acuñó hace unos años en Estados Unidos, para calificar los créditos de alto riesgo que se concedían a personas sin ingresos, trabajo o activos (no income, no job or assets). Más tarde, fueron rebautizados con el nombre de créditos subprime, nombre más correcto políticamente pero que, a fin de cuentas, seguía siendo un eufemismo para denominar a los “créditos para pobres”. Al tratarse de créditos concedidos a personas con trayectoria de impago y sin garantías, la mayor parte de los créditos subprime son de carácter hipotecario.

Claves para entender su proceso de expansión:

Todo comienza en 2001 con la imparable expansión del mercado inmobiliario, cuando los bancos norteamericanos, con la complicidad de las agencias de calificación y guiados por una ambición desmedida, comienzan a conceder créditos a personas que difícilmente podrían devolverlos, los llamados ninja: sin empleo fijo, sin ingresos fijos y sin propiedades.

Potencialmente parecía un negocio rentable, porque aparentemente todos ganaban. Por una parte, los ninjas, que además de comprarse una casa pagando unos intereses aparentemente bajos, podían permitirse comprarse un coche o pagarse unas buenas vacaciones. Por otro lado, los bancos, ya que al ser préstamos más arriesgados, cobraban intereses más altos aumentando su volumen de negocios. Dependiendo del riesgo de impago, se crean dos tipos de hipotecas: las prime (de bajo riesgo) y las subprime o más conocida con el nombre de hipotecas basura (con más alto riesgo).

Con tantos préstamos hipotecarios concedidos los bancos necesitan cada vez más dinero, y la solución no es otra que pedir dinero prestado a otros bancos extranjeros. Se crean paquetes que mezclan los dos tipos de hipotecas y se sacan a la venta en los mercados financieros. Al estar los dos tipos de hipotecas mezclados, los bancos compran estos paquetes sin llegar a tener el conocimiento exacto de lo que realmente están adquiriendo.

Para acabar con las posibles dudas de las entidades financieras, se empiezan a crear una serie de productos financieros estructurados de nombres complejos (los MBS, los CDS, los CDO, etc.) que lo único que hacían era enmascarar esa basura que realmente estaban vendiendo. Todo estaba basado en la premisa de que los ninjas pagarían sus hipotecas y que el mercado inmobiliario norteamericano seguiría subiendo. Pero no fue así, el mercado inmobiliario cayó a principios de 2007 y el valor de las casas bajó. Como consecuencia, los ninjas dejaron de pagar las hipotecas porque no estaban dispuestos a pagar por su vivienda más de lo que vale en realidad.

Estas circunstancias provocan que todo el sistema se desplome. La economía se acaba ralentizando porque los bancos se asustan y dejan de prestar dinero o lo prestan a un interés cada vez más alto. Este tipo de interés más alto es conocido como Euribor: tipo medio de interés al que se prestan euros entre sí un gran número de bancos europeos. Para la determinación de los tipos Euribor se elimina el 15% más alto y el 15% más bajo de los tipos de interés recolectados. Todos los días a las 11:00 CET se determinan los tipos de interés del Euribor y se transmiten a todos los interesados y a la prensa.

En este video, Leopoldo Abadía, que ejerció como profesor de Política de la Empresa durante más de 31 años en el IESE, explica en siete minutos los pilares fundamentales de la crisis económica actual. Bases también recogidas en su libro: “La crisis Ninja y otros misterios de la economía actual”, donde explica todos los detalles de las hipotecas subprime (principales impulsoras de la crisis) utilizando un lenguaje coloquial.

 

 

Fdo: Carlos Hernández Triana